Cumple años la pelea entre jugadores y aficionados del Palace de Auburn Hills que pintó la cara a la NBA

Cumple años la pelea entre jugadores y aficionados del Palace de Auburn Hills que pintó la cara a la NBA

Hace 17 años desde que el 19 de noviembre de 2004 tuviese lugar uno de los episodios más vergonzosos de la historia del deporte norteamericano. Aquella noche algunos jugadores de los Indiana Pacers protagonizaron una pelea con varios fans de los Detroit Pistons, intercambiando golpes en las gradas y el parqué. La NBA tomó medidas para evitar que se produjese otro espectáculo como aquel, pero el daño ya estaba hecho y quedará siempre en el recuerdo.

Corrían los últimos compases de un partido de regular season entre los Pacers y los Pistons, cuando el por entonces llamado Ron Artest cometió una falta un tanto dura sobre Ben Wallace. La acción desencadenó una pequeña tangana que terminó con Artest evitando el conflicto mientras se tumbaba sobre la mesa de anotadores… y ahí empezó la ‘fiesta’.

Mientras el jugador de los Pacers permanecía ausente, alejado de la trifulca, un aficionado de los Pistons pensó que sería buena idea lanzarle un vaso de refresco, con tan mala suerte que el recipiente impactó sobre Artest y se despertó la bestia. El de Queens salió como una exhalación hacia la grada en busca del valiente y comenzaron los golpes entre el jugador y los espectadores

A Ron Artest le siguieron otros jugadores de los Pacers, que también fueron a ‘poner orden’ entre los asientos. El caos estaba desatado y tras unos instantes de descontrol los baloncestistas regresaron al parqué para poner rumbo a los vestuarios, pero la situación ya se había escapado de las manos hacía bastante tiempo.

En su camino hacia el túnel de vestuarios, varios jugadores de los Pacers, entre los que estaban Stephen Jackson, Jermaine O’Neal y el propio Artest, se encontraron con algunos espectadores que también habían bajado al parqué en busca de sabe-dios-qué. Más intercambios de golpes, hasta que poco a poco los miembros de los Pacers fueron entrando al vestuario entre una lluvia de bebidas, objetos (incluida alguna silla) e insultos de todo tipo.

Muchos consideraron que todo empezó por el gesto provocador de Ron Artest de tumbarse en la mesa de anotadores, pero la verdad detrás de aquella actitud no podría estar más alejada de una provocación. “Mi psicóloga y yo hablábamos mucho sobre situaciones así y la solución de irme a mi ‘lugar feliz’. ¿Qué debía haber hecho? ¿Debía haberme ido a una cafetería? ¿Al vestuario? Quedaban 20 segundos y la mesa de anotadores estaba ahí mismo. Podía haberme sentado, haberme puesto de pie sobre ella, haberme tumbado, haberme puesto a hacer flexiones… pero me tumbé”, confesó años después el jugador en el documental Quite Storm.

Ya en el vestuario, los jugadores de los Indiana Pacers intentaban digerir lo sucedido. Fue entonces cuando tuvo lugar uno de los momentos más cómicos, por llamarlo de algún modo, de todo aquel vergonzoso show. “Ron estaba recostado en su taquilla y me dijo, ‘Jack, ¿crees que nos hemos metido en problemas?’”, recuerda Stephen Jackson. “Le dije: ‘¿problemas? Tendrás suerte si mañana sigues teniendo trabajo’. Todos empezamos a reír a carcajadas porque no creíamos que hubiese hecho aquella pregunta. ‘Hermano, hemos pegado a los fans, hemos subido a la grada. Nunca antes ha pasado algo así. Hemos traído el barrio hasta aquí. Puede que éste haya sido tu último partido en la NBA. Y puede que el mío también. Quizás tengamos que irnos juntos a jugar al extranjero, ¿vale?’. Fue la pregunta más tonta de todos los tiempos”.

Jackson no iba demasiado desencaminado. La NBA tomó cartas en el asunto con sanciones ejemplares. Ron Artest fue quien recibió el castigo más duro y fue suspendido de empleo y sueldo el resto de la temporada (86 partidos y 4.995.000 dólares en salario). Stephen Jackson recibió una sanción de 30 encuentros (1.700.000 dólares en salario), Jermaine O’Neal de 15 (4.111.000 dólares en salario) y Ben Wallace de 6 (400.000 dólares en salario). Además otros seis jugadores recibieron también castigos menores.

En lo que respecta a la persona que lanzó el vaso a Artest y los otros tres fans de los Pistons que llegaron hasta el parqué recibieron un castigo igualmente ejemplar, al prohibírseles entrar a los partidos de los Pistons de por vida.

Como consecuencia de todo este descontrol, la NBA cambió las normas a aplicar en los pabellones de la Liga y desde aquel momento limitó se prohibió la venta de bebidas alcohólicas en los estadios durante el último cuarto de los partidos. Además se dio orden de no vender o permitir consumir alcohol a personas visiblemente ebrias, a las que se expulsaría automáticamente del recinto.