ENTREVISTA | Jorge Valdano: «Maradona era una personalidad indiscutiblemente adictiva y eso lo hacía especialmente frágil»

ENTREVISTA | Jorge Valdano: «Maradona era una personalidad indiscutiblemente adictiva y eso lo hacía especialmente frágil»

Jorge Alberto Francisco Valdano Castellanos, o simplemente Jorge Valdano, (Las Parejas, Argentina, 1995) ha acumulado experiencias vitales como para rellenar mil y un libros, que a buen gusto se leería. 

Más tímido de lo que su presencia mediática hace pensar, Valdano es la voz que han elegido en Spotify para hablar sobre alguien que, para él, fue muy especial, su amigo Diego Armando Maradona, cuando se cumple un año de su muerte.

Que la palabra más repetida en esta charla sea «genio» resume lo que opina el hombre que recogió de la red el balón con el que el barrilete cósmico dejó por el camino a tanto inglés en la jugada de todos los tiempos.

Tengo que confesarle que usted y yo compartimos colores futbolísticos.

Eso facilita las cosas entonces (risas). Es lo que le faltó a nuestro personaje, jugar en el Madrid.

Anda que si hubieran jugado juntos en el Bernabéu…

Muy lejos no estuvo. Mendoza tuvo esa debilidad, pero no se concretó.

Hábleme de ‘Los últimos días de Maradona’. ¿Qué nos vamos a encontrar en este podcast?

Con un final de vida que, como todo lo que protagonizó Diego, deja dudas, polémicas, emociones, reflexiones… Es un podcast muy documentado, donde las voces de todos aquellos que rodeaban a Diego terminan dándonos unas preferencias muy exactas de sus últimos días y sus últimas horas. 

Con pasajes tristes, con algo dramático que está implícito en el podcast: que alrededor, en sus últimos días, le faltaron aquellos grandes afectos que hubieran hecho el tránsito un poco más fácil. Hay responsabilidad de todos en ese final, y también de Diego que debe haber sido un paciente pésimo (sonríe). No me cuesta mucho imaginármelo.

«En sus últimos días, a Maradona le faltaron aquellos grandes afectos que hubieran hecho el tránsito más fácil»

Usted como amante de la palabra, defíname a Diego en solo una.

Siempre he creído que al artista hay que analizarlo por su obra, y la de Diego es muy difícil de equiparar. Era un ’10’ prácticamente en todo. Estando sano era un hombre con una gran energía, imaginación, técnica, personalidad… Dentro del campo estaba muy cerca de la perfección. El personaje vivió siempre en los extremos y eso lo hace indefinible. No cabe dentro de una frase Maradona.

¿Le quedó algo por decirle a Maradona?

Nada, porque era imposible de influenciar (risas). No era una persona a la que se le pudiera aconsejar. Recibía bien el consejo, sobre todo en privado. Había dos Diegos: uno en privado y otro en público. El privado era muy cercano y afable, y te aceptaba todo… pero no te hacía caso en nada. 

¿Habla mucho con sus compañeros campeones del mundo del 86?

Tenemos un grupo de whatsapp en el que estamos todos. En el que Diego en su momento entró y luego salió enfadado por algo… Pero ejerció durante algún tiempo como capitán. Sobrevive toda la tropa en el grupo. Tenemos una relación muy cercana, aunque sea tecnológica.

¿Se puede saber el nombre del grupo o mejor…?

(Se lo piensa) Bueno… (risas). Los del Mundial del 86.


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Una de las imágenes de ese 25 de noviembre de 2020 la protagonizó usted, cuando Susana Guasch le dio paso y se rompe. ¿Qué hizo cuando salió del directo? ¿Siguió llorando o se recompuso como pudo?

Intenté recuperar el tipo porque me esperaba el trabajo. Intenté contar una anécdota, de esas que cuando habitualmente la contaba me producía risa, y ese día esa misma anécdota me producía emoción. De ahí al llanto hubo un paso para mi inesperado. Acababa de escribir un artículo para ‘El País’ sobre Diego. Pensaba que ese artículo iba a ser un vehículo de descarga, pero no. Cuando quise hablar no pude porque por dentro pasan cosas que uno no sabe identificar.

¿Usted habría sido capaz de entrenar a Maradona?

No era fácil. Ningún genio es fácil de entrenar. Los genios son muy conscientes de su poder y eso los hace complejos. De lo que sí me siento orgulloso, por mi parte y la de mis compañeros, es que supimos convivir con un genio, jugar al lado de un genio. Éramos un equipo y luego había un genio, alguien que se podía permitir cosas que los demás no. No contaminarnos del genio, saber que nosotros formamos parte de otra población, fue muy importante para que aquello pareciera un equipo de verdad. Un equipo con un genio, pero un equipo.

«Éramos un equipo y luego había un genio, alguien que se podía permitir cosas que los demás no»

¿Queda algo por contar o por saber de Maradona?

Cada persona que se lo ha cruzado por el camino tiene una historia que contar. Primero por la dimensión del personaje, segundo porque tenía cosas genialoides que resultaban disparatadas, divertidas o emocionantes pero nunca te dejaban indiferentes. Como es interminable, al personaje uno nunca lo acaba, seguro que hay todavía cosas que decir.

¿Qué siente cuando lee noticias sobre el Maradona fuera del campo?

Me producen dolor. Era una personalidad indiscutiblemente adictiva y eso lo hacía especialmente frágil ante determinadas situaciones. Eso no me ha hecho nunca ninguna gracia.

Me decía antes que Maradona estuvo cerca de fichar por el Madrid de entonces. ¿Tendría sitio en el de ahora?

Sí, claro que sí. ¡Y en el Calahorra! (risas)

Lo digo porque no entiendo cómo ustedes, su generación de jugadores, pueden caminar con la ‘leña’ que repartían los defensas, especialmente los que tenían esa querencia a tener el balón cerca del pie…

¡No sólo por cómo se pegaba, sino por cómo se entrenaba! (risas) Era una auténtica masacre comparándolo con la sofisticación de la que disfrutan los futbolistas ahora. ¿Qué sería Diego ahora? Lo que fue en su tiempo: un espectáculo aparte. Un tipo que te devolvía el dinero de la entrada cada vez que recibía la pelota.

En el Madrid de ahora quizá hay un héroe: Vinícius. ¿Cuál es el superpoder que le ha convertido en el ídolo que es ahora tras ser tan criticado antes?

Es una bala. Es muy rápido y muy decidido. Es rápido y habilidoso, pero su característica desequilibrante es la decisión. Él te encara siempre. No importa si en la anterior hizo el gol de su vida o hizo el ridículo, te encara siempre. Y esa fe en sí mismo es lo que le ha permitido superar aquel periodo en el que se le veía muy confuso con la pelota en los pies y alcanzar ahora este grado de complicidad futbolística, incluso con Benzema. Es un matrimonio al revés: empezó en divorcio y terminó en amor (risas). Mientras tenga detrás a Casemiro, Kroos y Modric, estará bien cuidado. Cuando ellos funcionan, el Madrid tiene al alcance todo.

«Lo de Vinícius y Benzema es un matrimonio al revés: empezó en divorcio y terminó en amor»

¿Echa de menos entrenar o ese periodo de su vida está zanjado?

Yo siempre digo que si tuviera tres vidas, le dedicaría una a entrenar. Pero teniendo una sola me parce que no es para mí. Ser entrenador te demanda preocupación las 24 horas del día y para eso hace falta tener mucha energía y mucha pasión. Si empezamos a ver quién triunfa en esto, son todos personajes excesivos: Guardiola, Klopp, Simeone, Mourinho… Todos esos entrenadores que han marcado la historia del fútbol son ‘maradonianos’, excesivos.

«Guardiola, Klopp, Simeone, Mourinho… Todos esos entrenadores que han marcado la historia del fútbol son ‘maradonianos’, excesivos»

¿Da más miedo escénico el campo o los pasillos del Bernabéu?

El campo. Pide un plus de personalidad. El miedo escénico nace para definir el acobardamiento que tenían los rivales, sobre todo en el ámbito de la Copa de la UEFA, cuando teníamos que darle la vuelta a resultados que parecían imposibles. Pero también habla del miedo que produce a los jugadores del Real Madrid: por eso esa camiseta no es apta para cualquiera

Cuando no está viendo o pensando en fútbol, ¿qué hace?

Leer, sobre todo. Es lo que más me gusta. Pero le sigo dedicando mucho tiempo al fútbol. Escribo y leo mucho sobre fútbol, porque se ha publicado más literatura futbolística en lo que llevamos de siglo XXI que en todo el siglo XX. Nunca doy a basto con todo lo que me llega. También estoy obligado a viajar mucho, y eso lógicamente te pide una buena inversión de tiempo. Pero estoy muy conforme con la vida que llevo.

¿Está enganchado a alguna serie?

La de ‘Maradona’, precisamente. Estoy viéndola. Acabo de llegar al Mundial del 86 y hay un Valdano por ahí que, al menos hasta ahora, han tratado bastante bien (risas). Estoy con la guardia alta aún por las dudas.

¿Se atrevería a salir de su zona de confort y entrar en un programa tipo Masterchef o Mask Singer?

Algún despistado que no me conoce lo suficiente me ha ofrecido alguna aventura de este tipo (risas). Pero no sé salir de mi perfil. Tengo un punto de timidez que he aprendido a disimular, pero que no ha desaparecido.

«¿Yo en Masterchef? Algún despistado que no me conoce lo suficiente me ha ofrecido alguna aventura de este tipo»

Todavía se le nota un poco, es verdad.

Si, ¿verdad? Prefiero aceptar invitaciones en las que me sienta cómodo. Aprendí a decir que no a aquello para lo que no estoy hecho.

¿Cuál es la canción de su vida?

(Piensa unos segundos) Quizá ‘Mediterráneo’, porque marca mi adolescencia y porque admiro profundamente a Serrat. Son esas cosas que le debemos a la parte de descubrimiento de nuestra vida. Y me refiero al disco entero de ‘Mediterráneo’, que todavía no sé escucharlo sin emocionarme.

¿Qué partido histórico le hubiera gustado jugar?

Una final de Champions con el Madrid. Jugué dos finales de UEFA, pero me falta algo.

¿La de Lisboa, por ejemplo?

Buen ejemplo, sí. Por esa parte agónica que tuvo, que de alguna manera ayuda a definir a ese Madrid que tenemos representado como ese equipo que nunca se rinde.

No se puede acabar esta entrevista sin hablar de Mbappé…

Le esperan cuatro o cinco Balones de Oro. Si es con la camiseta blanca, quizá seis.

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