La nueva prórroga de la moratoria concursal agrava el riesgo de colapso judicial y empresas zombis

La nueva prórroga de la moratoria concursal agrava el riesgo de colapso judicial y empresas zombis

El Gobierno ha prorrogado de nuevo la moratoria concursal hasta el 30 de junio de 2022, con lo que mantiene que los deudores que se encuentran en situación de insolvencia no tienen deber de solicitar la declaración de concurso al menos durante medio año más.

Al ampliarse la Ley 16/2020 -que inicialmente mantenía la moratoria hasta el 31 de diciembre de 2020 y posteriormente se prorrogó hasta el 31 de diciembre de 2021- tampoco se admitirán a trámite las solicitudes de concurso necesario que presenten los acreedores.

El objetivo es que «las empresas viables en condiciones normales de mercado cuenten con instrumentos legales que les permitan mantener su actividad y el empleo y dispongan de un margen adicional para restablecer su equilibrio patrimonial en tanto se tramita la modernización del régimen concursal español», ha explicado el Gobierno este martes tras la reunión del Consejo de Ministros.

Pero la prórroga de esta moratoria concursal entraña dos riesgos. Por un lado, aumenta la probabilidad de que haya un colapso judicial cuando se reestablezca la obligación de presentar concursos, ya que habrá una oleada de entradas en los juzgados que deberán compaginarse con los que estuvieran en trámite.

Y, por otro, dado que las empresas no tienen obligación de declarase en concurso, algunos expertos advierten de que no están tomando medidas suficientes para garantizar su supervivencia con lo que se agrava el riesgo de que crezca el número de empresas zombis.

De esto último ha advertido en numerosas ocasiones el Banco de España. «La moratoria concursal, si se prolonga en el tiempo, puede contribuir a una mayor tasa de supervivencia de empresas inviables, que, en ausencia de ciertas medidas de sostenimiento financiero (refinanciaciones bancarias o nuevo crédito de sus contrapartes contractuales), desaparecerían en un breve plazo. En la literatura económica, a estas empresas se las denomina con frecuencia empresas zombis«, ha señalado.

Una vez que la moratoria expire, ahora en junio de 2022, se puede esperar un repunte significativo del número de solicitudes de concurso.

«La facilidad con la que se congestionan lo Juzgados de lo Mercantil pone de manifiesto la relevancia de analizar posibles soluciones que promuevan la reestructuración de las deudas de empresas insolventes pero viables a medio plazo, faciliten la liquidación de empresas inviables y reduzcan la duración de los procedimientos concursales para evitar la depreciación de los activos empresariales y aumentar las tasas de recuperación del crédito por parte de los acreedores», ha pedido el supervisor.

El Registro de Economistas Forenses (REFOR) advertía hoy mismo de que unas de las principales amenazas es un «posible colapso en los Juzgados por acumulación de concursos de acreedores tras el fin de la moratoria concursal el 31 de diciembre de 2021 y por coexistencia de concursos vivos del sistema todavía vigente; en el que van a coexistir durante un tiempo ambos sistemas».

Coincide en esta advertencia Manuel Gordillo, socio del despacho Abencys, quien señala que «a la vista del número de concursos presentados en lo que va de año, es evidente que la moratoria concursal está generando un efecto sedante en las empresas en dificultades, sumiéndolas en una falsa sensación de que la decisión sobre las medidas a adoptar para la supervivencia del negocio puede posponerse indefinidamente».

«La moratoria concursal no está ayudando a promover la supervivencia sino todo lo contrario, posponiendo artificialmente la solución al problema. Muchas empresas en dificultades, que deberían haber afrontado ya medidas difíciles pero necesarias para su supervivencia, continúen agravando su estado y alejándose de una solución», lamenta.

Él es partidario de que se fijen requisitos para poder acogerse a este moratoria, y cree que son muchas las empresas que se han acogido a la ampliación de la moratoria concursal, retrasando la presentación de concurso al no verse obligadas a ello. «De esta manera, cada vez son más recurrentes en el tejido empresarial las empresas zombis que, en realidad, aunque aparezcan en activo, no tienen capacidad para continuar con su actividad», apunta.

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