Menos lluvias, pero torrenciales: las ciudades españolas se blindan frente a la alerta por inundaciones

Menos lluvias, pero torrenciales: las ciudades españolas se blindan frente a la alerta por inundaciones

GUILLERMO DEL PALACIO

JUAN C. SÁNCHEZ


@_JuanCsanchez_

Gráficos

Actualizado Lunes,
15
noviembre
2021

23:22

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En los últimos años está cambiando la forma en que llueve en la península ibérica y ahora las precipitaciones son menos frecuentes, pero el agua cae de forma más torrencial. Esto causa problemas de sequía, pero también otros que inciden directamente en el urbanismo y hasta en la arquitectura. España, advierten los expertos, no está preparada para estas nuevas tormentas y las inundaciones podrían ser más frecuentes, pero existen soluciones y algunas ya se están aplicando.

De forma natural las lluvias son bastante irregulares en España, lo que dificulta su estudio. No obstante, la AEMET está notando «una tendencia», según explica Rubén del Campo, meteorólogo y portavoz de la organización: los periodos secos cada vez son más largos (sobre todo en el sur de la península), pero los días en los que llueve lo hace en gran cantidad. «Esa lluvia torrencial es más intensa todavía, sobre todo en la última década».

Aunque hay indicios de que las ‘nuevas lluvias’ afectan a las vertientes cantábrica y atlántica, se nota especialmente en la región mediterránea, donde históricamente ya hay episodios de inundaciones con la gota fría, y también se ha detectado que hay «una mayor frecuencia de episodios».

Del Campo por el momento prefiere no acusar directamente al cambio climático de esta nueva tendencia -sí es uno de los principales sospechosos– por lo difícil que resulta estudiar fenómenos tan irregulares como las lluvias. «Todas las predicciones apuntan a que en un entorno de mares más cálidos y mayor energía disponible en la atmósfera los fenómenos de precipitaciones extremas pueden ir a más», apunta el meteorólogo.

«Estamos en el punto de partida», apunta del Campo, por lo que hay que seguir analizando la tendencia, «pero, sobre todo, tenemos que empezar a tenerla en cuenta». «En las últimas décadas hemos minusvalorado ese riesgo, que ya existía», advierte el experto y «hemos ocupado zonas inundables». «El problema va a ir en aumento», sentencia.

«No puedes tirar las casas abajo; hay que llevar a cabo obras de otro tipo», resume Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante, quien confirma que hay parte del territorio «indebidamente ocupada».

«¿Qué hacemos con esas viviendas o urbanizaciones que han ocupado espacios de riesgo de inundación?», se pregunta el profesor, que también se responde: hay que acudir a la ingeniería, pero también a la concienciación. Es decir, que la gente que vive en zonas de riesgo conozca el peligro y sepa cómo actuar cuando reciba alertas.

En cualquier caso, Olcina cree que «poco a poco» se va conociendo el riesgo y ya se toman medidas. «Se va actuando a golpe de desastre: cuando acontece un episodio y hay muchos daños o alguna víctima es cuando nos preocupamos y la Administración intenta hacer algo», concede. De hecho, desde 2008 la ley del suelo obliga a tener mapas de riesgo, aunque el experto considera que estos tienen «muchas carencias» y ayudaría que la Administración publicase una guía con los contenidos mínimos que deberían contener estos documentos. «En esos mapas nos jugamos mucho», advierte.

El experto también apunta a la oportunidad -y necesidad- de utilizar los fondos europeos para adaptar las ciudades a las nuevas lluvias torrenciales: «No tenemos los sistemas de alcantarillado preparados para asumir las lluvias intensas que se registran últimamente en nuestro país». «Fueron diseñadas para otras condiciones climáticas, hace décadas y ahora la situación ha cambiado», explica Olcina.

En cierto modo, el sistema de drenaje de una ciudad es como un embudo que recoge el agua que cae y la traslada para evitar inundaciones. Pero también un embudo se puede desbordar si entra más líquido del que sale. Cuando esto ocurre, el sistema colapsa y el agua se convierte en la escorrentía que anega las calles.

«Cuando vemos ciudades inundadas, el agua corre por arriba como un río, pero también está corriendo por los tubos de drenaje urbano a toda velocidad», apunta el presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), Fernando Morcillo. La forma más sencilla de evitar que las tuberías estén tan tensionadas es, lógicamente, cambiarlas por otras más grandes, pero esto, si es que se puede hacer, supone un gasto enorme que se convierte en un derroche si la lluvia torrencial es un fenómeno puntual.

Morcillo explica que, aunque el cambio en las lluvias es «un reto» que ya ha detectado el sector, acometer una reforma total del sistema de drenaje es algo para lo que necesitarían más. «A efectos de drenaje urbano hay que pensar que las técnicas de alcantarillado están en principio concebidas para asegurar que un barrio o una ciudad no se inunda con un periodo de recurrencia de unos determinados años», detalla.

Es decir, se crean para soportar los niveles de lluvia que se dan en una zona determinada según el archivo histórico. Una inundación cada, por ejemplo, 25 años es una anomalía estadística que no se puede contemplar en el alcantarillado; una cada año significa que el sistema falla por algún motivo, como que haya cambiado la forma en que llueve. Pero eso no quiere decir que no haya soluciones, como los tanques de tormenta o los parques inundables.

Tanto los tanques como los parques se basan en la misma idea: ‘apartar’ el agua para que el sistema no colapse. Se convierten así en embalses temporales a los que dirigir las lluvias que no puede asumir el drenaje urbano. La diferencia es que unos lo hacen en el subsuelo y los otros, en la superficie.

«Imaginemos un gran garaje», compara Morcillo, «lo que pasa es que en vez de tener plantas para que estén los coches, hay un depósito enorme debajo del terreno». El Canal de Isabel II presume de que Madrid tiene «los dos mayores tanques del tormentas del mundo» -las instalaciones de Arroyofresno y Butarque-, con capacidad para almacenar hasta 400.000 metros cúbicos de agua cada uno. Es decir, el equivalente a vaciar ocho estanques como el de El Retiro.

Según detalla el directivo de AEAS, esta solución tiene más sentido «en el centro de grandes ciudades», siempre que aparcamientos y transporte urbano lo permitan. «No es tan fácil hacerlo siempre porque las ciudades son como son y están hechas como están hechas», arguye.

Los parques inundables, por su parte, dejan bastante clara su función en su nombre. «Significa hacer recintos que puedan ser inundados», resume Morcillo. Dado que lo normal es que no haya que hacer uso de ellos, en el día a día se pueden utilizar como elemento verde de la ciudad, con su césped y su jardinería, pero con forma de vaguada para dar un respiro al alcantarillado en caso de pluviosidad extrema. Cuando se van las nubes -o, al menos, dejan de descargar- se redirige el agua a una depuradora.

«Hay que adaptarse», resume el directivo. El clima cambia y el papel del urbanismo es identificar ese cambio y hacer «pequeñas actuaciones» que permitan reducir el impacto. En ocasiones, expone, sólo habrá que operar en una zona determinada en la que se produce un cuello de botella. En este sentido, aprovecha para cargar contra las toallitas higiénicas, que nunca deberían verterse por el inodoro: «Es un material que si no se desagrega en el agua tiende a ocasionar tapones o incidencias de obstrucción en los tubos».

Una tercera vía, no necesariamente excluyente, pasa por hacer que la propia ciudad ayude al drenaje. Es lo que se conoce como SUDS, Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible. Se hacen los suelos más permeables y el agua se infiltra en el subsuelo de forma más natural, como si la civilización no estuviera ahí.

«Las ciudades son una artificialidad», argumenta Morcillo. Casi todo el suelo es pavimentado y muy poco permeable -alcorques, zonas verdes y algún parterre son las únicas excepciones-, así que la lluvia termina obligada a recorrer el mismo camino que vehículos y peatones hasta que lleva a un desagüe. Los SUDS son un término medio.

Así, por ejemplo, en los aparcamientos de superficie se puede optar por un material distinto al asfalto; un pavimento suficientemente portante para no embarrar, pero que al mismo tiempo tenga porosidad para filtrar. También hay jardines de lluvia, cubiertas vegetadas, zanjas de infiltración o aljibes, entre otros. Todos ellos permiten, en mayor o menor medida, reducir la escorrentía sin dejar de cumplir una función. A nuevas lluvias, nuevas ciudades.

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